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Agentes de inteligencia artificial en el ejercicio del Derecho
La irrupción de los agentes de inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en infraestructura de trabajo dentro de los estudios jurídicos y los departamentos legales corporativos. Se trata de sistemas capaces de ejecutar tareas jurídicas complejas de forma autónoma, con supervisión humana, en lugar de responder únicamente a instrucciones puntuales. El propio sector reconoce que 2026 marca el punto en el que la IA agéntica pasa de la fase de pilotos a formar parte del núcleo operativo de la abogacía, con marcos de gobernanza obligatorios y un desplazamiento del poder de decisión tecnológica hacia los equipos jurídicos internos de las empresas.
Este artículo resume, con datos recientes del sector, cómo estos agentes ya están transformando el trabajo cotidiano de los abogados, tanto en estudios jurídicos como en las empresas que estos asesoran, y hacia dónde se dirige esta tecnología en el ámbito jurídico y judicial.
El impacto ya es medible
Los datos de adopción muestran una aceleración marcada. Según el reporte de Thomson Reuters Institute sobre servicios profesionales en 2026, el uso de IA generativa en estudios jurídicos subió del 28% al 41%, y en departamentos legales corporativos del 23% al 47% respecto del año anterior. En 2025 ya el 26% de los profesionales del derecho usaba IA generativa en su trabajo, casi el doble que el 14% registrado en 2024, siendo los abogados de estudio quienes lideraron esa adopción.
La presión no es solo interna: el 32% de los abogados in-house ya están reconsiderando su relación con los estudios externos que no demuestren, en un plazo de doce meses, un valor claro derivado del uso de IA, y el 38% de los profesionales de estudios jurídicos reporta presión financiera significativa para acelerar su adopción. En paralelo, un 78% de los clientes corporativos considera esencial o muy importante que la IA mejore la calidad del servicio recibido, pero solo el 6% percibe que sus proveedores actuales realmente lo están logrando. Esa brecha, entre lo que el cliente espera y lo que recibe, es hoy uno de los puntos de mayor tensión competitiva del sector legal.
Lo cotidiano: qué está cambiando en el día a día
En los estudios jurídicos
El cambio más visible ocurre en las tareas de alto volumen y bajo margen de diferenciación estratégica: revisión de contratos, investigación de jurisprudencia, elaboración de primeros borradores de escritos y memorandos, y organización del conocimiento institucional del estudio. El propio sector documenta ganancias de productividad extraordinarias en tareas específicas: programas piloto en firmas del AmLaw100 redujeron el tiempo de elaboración de una contestación de demanda de rutina de 16 horas a entre 3 y 4 minutos, una reducción superior al 99%. McKinsey estima que hoy ya es técnicamente automatizable el 22% de las tareas de un abogado, cifra que sube al 44% cuando se mide el potencial técnico total de automatización sobre el conjunto de tareas legales.
Sin embargo, el consenso del sector, incluido el Centro sobre la Profesión Jurídica de Harvard Law School, es que ninguna firma del AmLaw100 consultada prevé reducir su planta de abogados en ejercicio, pese a reportar mejoras de productividad de hasta 100 veces en tareas puntuales. El patrón que se consolida no es la sustitución del abogado, sino el traslado de su tiempo desde la ejecución repetitiva hacia el criterio, la estrategia y la relación con el cliente.
En las empresas y sus departamentos jurídicos
Los equipos legales internos usan agentes de IA sobre todo para acelerar la revisión de contratos y políticas, sistematizar el conocimiento disperso en distintos sistemas y oficinas, y responder con mayor rapidez a las áreas de negocio que antes esperaban días por una opinión legal. El estudio de Thomson Reuters calcula un ahorro potencial cercano a 240 horas anuales por abogado gracias a estas herramientas aplicadas a investigación jurídica, revisión documental y análisis contractual. La búsqueda jurídica también está cambiando de naturaleza: de la búsqueda por palabra clave se pasa a la comprensión de la pregunta de negocio subyacente, lo que exige que la información esté bien estructurada, no solo disponible.
Un matiz importante: la IA agéntica bien diseñada no reemplaza el criterio jurídico, sino que automatiza tareas rutinarias, sirve de punto de partida para el trabajo complejo y escala las decisiones relevantes hacia una persona humana, facilitando además la auditoría y revisión de lo que produce. Los agentes que mejor están funcionando en la práctica son los que incorporan ese punto de control por diseño.
Los riesgos que ya se materializaron
La adopción acelerada ha venido acompañada de casos concretos de mal uso que están marcando pauta regulatoria y disciplinaria en la región. En Colombia, la Corte Suprema de Justicia sancionó por primera vez, en febrero de 2026, a un abogado por presentar un recurso extraordinario sustentado en diez sentencias inexistentes generadas por IA y no verificadas, con una multa equivalente a 15 salarios mínimos. En Chile, ese mismo mes, un tribunal civil de Concepción multó a un abogado por citar jurisprudencia calificada como manifiestamente falsa. En Brasil, en mayo de 2026, se conoció el primer caso de un intento de manipular una decisión judicial insertando en un escrito texto invisible con instrucciones dirigidas a un sistema de IA.
Estos episodios no han frenado la adopción, pero sí han acelerado la exigencia de trazabilidad y verificación: la Corte Constitucional de Colombia ya había establecido, en la Sentencia T-323 de 2024, que la IA puede usarse como apoyo judicial siempre bajo estrictas cargas de transparencia, responsabilidad y no sustitución del criterio humano. En Estados Unidos, la Opinión Formal 512 de la American Bar Association, de julio de 2024, exige que el abogado tenga una comprensión razonable de las capacidades y limitaciones de la herramienta que usa, y decenas de jueces federales y estatales ya exigen declarar el uso de IA y verificar lo producido con ella. La lección para cualquier herramienta de IA jurídica es clara: la confianza del profesional depende de que cada afirmación sea verificable y trazable a la fuente, no de la fluidez del texto generado.
Hacia dónde va la herramienta: el futuro próximo
De copiloto a agente que ejecuta flujos completos
La tendencia dominante para los próximos años es el paso de asistentes conversacionales que responden preguntas a agentes que reciben un objetivo y ejecutan la secuencia completa alrededor de él: reúnen información del expediente o del contrato, organizan las fuentes, redactan un primer borrador y lo enrutan a un abogado para su revisión y aprobación, con puntos de control explícitos antes de cualquier entrega final. Proveedores globales del sector legal ya lanzaron a inicios de 2026 flujos agénticos con capacidades de revisión documental autónoma e investigación profunda, consolidando este modelo como estándar de la industria.
Gobernanza, auditabilidad y menos herramientas, mejor elegidas
El sector anticipa que la ventaja competitiva ya no vendrá de acumular más tecnología, sino de la capacidad de evaluar qué herramienta resuelve efectivamente el problema jurídico identificado. Se espera que la mayoría de las organizaciones formalice políticas de IA que atiendan riesgos éticos, reputacionales y de datos personales, y que los estudios jurídicos consoliden protocolos internos de verificación de autoridad, validación de hechos y revisión de citas antes de considerar cualquier resultado de IA como trabajo terminado. En este esquema, el resultado del agente se trata como inteligencia en borrador, no como verdad definitiva.
Nuevas exigencias de habilidades y de servicio al cliente
El 80% de los profesionales del derecho considera que la IA tendrá un impacto alto o transformacional en su trabajo en los próximos cinco años. Esto está generando una redefinición de las habilidades valoradas: menos ejecución repetitiva y más capacidad de definir bien el problema jurídico, evaluar herramientas y supervisar críticamente sus resultados. Al mismo tiempo, un 34% de los profesionales ya usa herramientas de IA no autorizadas por su organización, lo que subraya la urgencia de ofrecer una alternativa de calidad, segura y auditable en lugar de dejar ese uso librado al criterio individual sin control institucional.
En síntesis
Los agentes de IA ya dejaron de ser un experimento en el mundo jurídico y se están consolidando como infraestructura cotidiana de estudios y departamentos legales, con ganancias de productividad muy concretas en tareas específicas, sin que ello implique, al menos hasta ahora, una reducción de la planta de abogados. El futuro inmediato apunta a agentes que ejecutan flujos completos con supervisión humana, bajo exigencias crecientes de trazabilidad y gobernanza, y a una expansión gradual hacia la infraestructura judicial pública.
Lo que el mercado está premiando, y lo que cualquier herramienta jurídica de IA seria debería asegurar, es trazabilidad de cada afirmación a su fuente normativa o jurisprudencial verificable, puntos de control humano explícitos antes de cualquier entrega, capacidad de ejecutar flujos completos y no solo responder preguntas aisladas, y reportes de uso que faciliten la gobernanza interna del estudio o la empresa cliente. La diferenciación ya no vendrá de la velocidad de redacción, sino de la confiabilidad verificable de lo que la herramienta entrega.
Referencias
American Bar Association, Standing Committee on Ethics and Professional Responsibility. (2024). Formal Opinion 512: Generative artificial intelligence tools. https://www.americanbar.org/content/dam/aba/administrative/professional_responsibility/ethics-opinions/aba-formal-opinion-512.pdf
Corte Constitucional de Colombia. (2024). Sentencia T-323 de 2024. https://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2024/t-323-24.htm
Corte Suprema de Justicia de Colombia, Sala de Casación Civil, Agraria y Rural. (2026). Auto AC739-2026, 13 de febrero de 2026.
Couture, R. J. (2025). The impact of artificial intelligence on law firms' business models. Harvard Law School Center on the Legal Profession. https://clp.law.harvard.edu/knowledge-hub/insights/the-impact-of-artificial-intelligence-on-law-law-firms-business-models/
Jones Walker LLP. (2025). Ten AI predictions for 2026: What leading analysts say legal teams should expect. https://www.joneswalker.com/en/insights/blogs/ai-law-blog/ten-ai-predictions-for-2026-what-leading-analysts-say-legal-teams-should-expect.html
Segundo Juzgado Civil de Concepción, Chile. (2026). Rol C-6127-2025, 3 de febrero de 2026.
Thomson Reuters Institute. (2026). 2026 AI in Professional Services Report. https://www.thomsonreuters.com/en/reports/2026-ai-in-professional-services-report
Thomson Reuters Institute. (2026). Future of Professionals Report 2026. https://www.thomsonreuters.com/en/institute/future-of-professionals-2026/report
Thomson Reuters Legal. (2026). Artificial intelligence and law: What legal teams need to know. https://legal.thomsonreuters.com/blog/artificial-intelligence-and-law-guide/
Thomson Reuters Legal. (2026). What legal professionals say about the role of AI and law in 2026. https://legal.thomsonreuters.com/blog/how-ai-is-transforming-the-legal-profession/
Tribunal Regional del Trabajo de la 8.ª Región (Brasil), 3.er Juzgado del Trabajo de Parauapebas. (2026). ATOrd 0001062-55.2025.5.08.0130, mayo de 2026.