LEXIS Blog

María Belén Vivero Andrade
Autor
Abogada ecuatoriana especializada en tecnología, IA y emprendimiento. LL.M. en Law, Technology and Entrepreneurship por Cornell Tech/Cornell Law School. Ha liderado proyectos de inversión, industrias creativas y PI. Consultora legal.

De abogados a Product Managers: ¿Un puente que queremos cruzar?

miércoles, 15 de julio de 2026
8 min de lectura

Para alguien formado en derecho, donde la estructura, la predictibilidad y la gestión del riesgo ocupan un lugar central, acercarse al mundo de las startups y el emprendimiento implica salir constantemente de la zona de confort. Definitivamente, hay algo fascinante en la velocidad con la que se puede probar ideas, desarrollar tolerancia a la incertidumbre y construir antes de tener todas las respuestas. Actualmente, el auge del vibecoding (1) y la inteligencia artificial (IA) en plataformas como Bolt, Lovable, Replit, Claude o Codex ha llevado esa lógica un paso más allá, reduciendo drásticamente la complejidad y los costos para desarrollar tecnología. Como consecuencia, también está transformando la manera en que muchos abogados entienden su rol en esta nueva era de innovación. Esa transformación no es ajena a América Latina: la conversación que hoy protagonizan grandes firmas globales ya está llegando, con otra escala y otras formas, a los estudios jurídicos de la región.

 

La fiebre de construir

En los últimos meses se ha vuelto cada vez más común ver abogados, firmas legales y departamentos jurídicos de empresas desarrollando herramientas propias con vibecoding o IA. La conversación parece haberse acelerado aún más con el lanzamiento de Claude for Legal, pero también con iniciativas conjuntas de destacadas firmas legales a nivel mundial. Como ejemplo, aparece la alianza entre Cooley y Legora para proporcionar inteligencia legal a emprendedores de élite en la aceleradora más famosa del mundo, Y Combinator(2). También resaltan los compromisos de firmas como Kirkland & Ellis de desarrollar su propia herramienta de IA para firma legal con Palantir(3). Asimismo, recientemente Harvey anunció que trabajará en el desarrollo de sus custom-models, buscando capturar la esencia de los servicios que diferencian a cada firma(4). Todo apunta a que la profesión jurídica ya no solo está adoptando tecnología, sino que también está comenzando a construirla. Ese cambio de visión abre una conversación que va mucho más allá de aprender a utilizar nuevas herramientas. Obliga a preguntarse dos cosas: 1) ¿Los abogados tienen lo necesario para convertirse en product managers? (5) y 2) ¿Las firmas legales tienen lo necesario para convertirse en proveedores de tecnología?

 

Lo que viene después

Gran parte de la conversación gira alrededor de la construcción. Se habla de qué herramientas desarrollar, qué tecnología utilizar, qué tan rápido puede lanzarse un MVP (producto mínimo viable) y cómo aprovechar las nuevas capacidades de la IA. Sin embargo, se habla mucho menos de la etapa que viene después: mantenimiento, soporte, actualizaciones, seguridad, retroalimentación de usuarios y responsabilidad sobre el funcionamiento de aquello que se creó. Las compañías tecnológicas entendieron hace mucho tiempo que desarrollar software y gestionar un producto son disciplinas distintas. Por esa razón existen equipos completos dedicados a product management, soporte, aseguramiento de calidad, ciberseguridad y evolución constante de los productos. Un lanzamiento exitoso representa apenas el inicio de una relación con los usuarios y nunca debería verse como el final del camino. Si los abogados y firmas comienzan a construir productos, también deberán asumir responsabilidades propias del manejo de producto, aunque pocas veces la conversación se plantee en esos términos. 


Esta reflexión no parte de la idea de que los abogados están construyendo herramientas innecesarias. Todo lo contrario. En los últimos meses han aparecido agentes de IA, sistemas de seguimiento normativo, herramientas que rastrean internet para identificar novedades relevantes para clientes, asistentes para gestión del conocimiento e incluso plataformas originalmente diseñadas para ventas o gestión de relaciones con clientes que están siendo adaptadas para resolver problemas jurídicos o de operaciones legales. Muchas de estas iniciativas responden a necesidades reales y demuestran que la creatividad dentro de la profesión está viviendo un momento extraordinario. La capacidad y el costo de construir ya dejaron de ser el principal obstáculo. Pero justamente por eso el riesgo cambió. La satisfacción de experimentar ese primer “momento ajá”, cuando una herramienta resuelve un problema y sus creadores se dan cuenta de que aparentemente lo han dominado, puede hacer que la conversación termine demasiado pronto. Resolver un problema es una condición necesaria para construir un producto, pero está lejos de ser suficiente. La diferencia entre un experimento, un prototipo y un producto no está únicamente en la tecnología que se utiliza, sino en el compromiso que sus creadores están dispuestos a asumir y los recursos que están dispuestos a invertir en ello.

 

Dos maneras de cruzar el puente

Conviene distinguir dos maneras muy distintas de cruzar este puente. En un extremo están los proyectos ambiciosos y organizados, donde una firma decide tomarse en serio la construcción de tecnología. Incluso en jurisdicciones como la estadounidense, donde las normas de responsabilidad profesional, propiedad y estructura de firmas legales funcionan de manera más compleja, algunas de las firmas más importantes del mundo ya han recorrido ese camino utilizando distintas estructuras.

En marzo de 2025, Cleary Gottlieb dio el inusual paso de adquirir una empresa de IA, Springbok AI (6), en lugar de simplemente licenciar software legal ya existente en el mercado. Esta estrategia parece haber nacido de la creencia de que el software genérico de proveedores externos no podía satisfacer las necesidades específicas de los clientes, y de que contar con capacidad propia de IA sería una ventaja competitiva. Para cuando fue adquirida, Springbok se había ganado una sólida reputación en IA legal gracias a su plataforma SpringLaw Suite, utilizada por otras firmas importantes para investigación jurídica, gestión de contratos y análisis de documentos. Como parte de la adquisición, se integraron a la firma también el equipo de ingenieros y científicos de datos de Springbok, así como su CEO. En lugar de conservar su propia marca, el equipo de la startup se reconstituyó como una unidad interna de la firma dedicada a “AI Acceleration”, convirtiendo a una startup independiente en la base técnica interna de una firma legal global de primer nivel.

Asimismo, en julio de 2025, Wilson Sonsini Goodrich & Rosati anunció la venta de su subsidiaria de tecnología legal, SixFifty Technologies (7), a una empresa líder en gestión de capital humano, en una de las mayores transacciones conocidas de un activo tecnológico propiedad de un despacho legal. SixFifty, fundada en 2019, desarrolló una plataforma impulsada por IA que ayuda a empresas a generar y personalizar documentos de cumplimiento laboral (cartas de oferta, contratos de trabajo, acuerdos de confidencialidad y de no competencia) adaptados a distintas jurisdicciones en EEUU. Según la propia firma, si bien continuará trabajando en el desarrollo de su propia tecnología, la transacción se pensó para democratizar el acceso a herramientas legales automatizadas para equipos de talento humano y legales, por fuera de la propia firma.

Estos casos ilustran interesantes ejemplos de ejecución de la decisión de construir productos. El riesgo, en realidad, no está en estas prácticas. Está en el otro extremo del espectro: la herramienta que un abogado sin formación técnica construyó un fin de semana con vibecoding, que funciona, que resuelve un problema real, que empieza a usarse con clientes, pero que nadie más sabe cómo funciona ni quién la mantiene.

La paradoja es que ese prototipo informal puede resultar más riesgoso que el proyecto ambicioso, precisamente porque parece funcionar desde el día uno. El “momento ajá” genera confianza, pero no genera las capacidades que deberían respaldarla. Basta pensar en algunos escenarios: datos confidenciales de clientes procesados en plataformas que nadie sometió a una auditoría de seguridad, código generado por IA que nadie en la organización puede revisar ni depurar, una dependencia absoluta de la única persona que construyó la herramienta y que mañana podría irse, la ausencia de respaldos, control de versiones o plan de continuidad, la asignación de responsabilidades si la herramienta produce un resultado erróneo que el cliente utilizó para tomar una decisión, entre otros. Si bien la multidisciplinariedad de los abogados y firmas legales representa un importante avance para la profesión, también genera una nueva distribución de riesgos jurídicos que usualmente se distribuían entre los prestadores de servicios legales y sus proveedores.  Una vez que los abogados y las firmas legales empiezan a construir sus propias herramientas de IA, sobre ellos pueden concurrir múltiples regímenes de responsabilidad. Más allá de la responsabilidad profesional y deontológica, que es la más discutida en relación con el uso de la IA, el espectro de riesgos jurídicos se amplía. Así, si una herramienta desarrollada por la propia firma ocasiona daños al cliente o a terceros como consecuencia de su diseño, implementación o funcionamiento, podrían derivarse responsabilidades civiles, tanto contractuales como extracontractuales. Asimismo, si su desarrollo o utilización da lugar a incumplimientos en materia de protección de datos personales, seguridad de la información, protección al consumidor o contratación pública, según corresponda, podrían generarse responsabilidades administrativas. También podrían surgir controversias en materia de propiedad intelectual, por ejemplo, por el uso no autorizado de obras, software, bases de datos u otros contenidos protegidos durante el desarrollo o funcionamiento de la herramienta. Finalmente, en supuestos excepcionales, el desarrollo o utilización de estas herramientas podría incluso dar lugar a responsabilidad penal cuando constituya un medio para la comisión de conductas tipificadas por la ley. Ninguno de estos riesgos se nota mientras la herramienta funciona. Todos podrían aparecer el día en que deje de hacerlo y el abogado o la firma deban responder.

Por eso la discusión no debería centrarse en si los abogados deben construir o dejar de construir. La experimentación tiene un enorme valor y probablemente nunca había sido tan fácil aprender creando. El verdadero desafío aparece cuando una herramienta creada como experimento de fin de semana empieza a formar parte de la propuesta de valor de un abogado o una firma legal y es ofrecida a sus clientes, sin que nadie haya decidido conscientemente cruzar esa línea. 
 

Una pregunta individual y una organizacional

En este momento surgen dos preguntas estratégicas. La primera pregunta es individual, y aplica sobre todo a quien construye prototipos por cuenta propia. Si los abogados empiezan a desarrollar productos, ¿también están preparados para convertirse en product managers? Construir implica tomar decisiones sobre usuarios, priorización de funcionalidades, ciclos de mejora, mantenimiento, soporte y responsabilidad por el funcionamiento de aquello que se creó. Son competencias que rara vez son parte de la formación jurídica, pero que comienzan a adquirir una relevancia inesperada. ¿Los abogados están dispuestos a ampliar su foco a esos asuntos? ¿El desarrollo de producto por parte de abogados es una tendencia legítima en el mercado? ¿O se ha vuelto solamente una forma más interesante de promover la marca personal?

La segunda pregunta es organizacional, y aplica a quienes eligen el camino ambicioso. Si las firmas continúan desarrollando tecnología propia, ¿quieren seguir siendo exclusivamente prestadoras de servicios jurídicos o también convertirse en vendedores de tecnología? Son modelos de negocio totalmente distintos. Una firma puede decidir utilizar IA o vibecoding para automatizar procesos internos, puede emplearla para ofrecer un mejor servicio a sus clientes, o puede decidir que parte de su negocio será desarrollar y comercializar productos tecnológicos. Ninguna de esas opciones es mejor que las otras, pero cada una implica estructuras, inversiones, responsabilidades y capacidades completamente diferentes.

 

La conversación pendiente en América Latina

En resumen, los abogados y las firmas ya están construyendo. En pocos casos se trata de ambiciosas herramientas que buscan competir con los gigantes mundiales de legaltech. En la mayoría de casos, se habla de prototipos nacidos de la prueba y error que resuelven problemas del día a día. Esta segunda categoría es, precisamente, la que domina en América Latina, donde las adquisiciones o transacciones al estilo de Cleary Gottlieb o Wilson Sonsini casi no tienen equivalentes, pero los experimentos con vibecoding se multiplican en firmas de todos los tamaños y especialidades. Por eso la conversación sobre la ampliación de la identidad de los abogados y firmas legales resulta particularmente urgente en la región. En jurisdicciones como Ecuador, donde las estructuras de propiedad de las firmas ofrecen mayor flexibilidad que en otros mercados, podrían surgir incluso modelos híbridos que combinen la prestación de servicios legales con el desarrollo de tecnología.

No todos los abogados deben convertirse en product managers, ni todas las firmas en vendedores de tecnología. Pero quien ofrece una herramienta a un cliente ya asumió, lo sepa o no, obligaciones de producto. La decisión honesta es asumirlas deliberadamente o mantener la herramienta como lo que es: un experimento interno. La IA ya abrió discusiones sobre el futuro de la facturación por horas y sobre cómo aprenderán las nuevas generaciones de abogados. Sin embargo, quizás otra pregunta relevante sea: como abogados y firmas legales, ¿qué identidad queremos tener durante los próximos cinco o diez años? El puente entre esas identidades está ahí, y nunca fue tan fácil empezar a cruzarlo. Pero quien lo cruza no puede fingir que sigue en la orilla.


 


Notas a pie de página:

(1) El “vibecoding” se refiere a un cambio de paradigma en el desarrollo de software, dentro del cual sistemas de IA asisten a los desarrolladores en la generación de código informático a partir de instrucciones proporcionadas en lenguaje natural. El término “vibecoding” fue originalmente introducido por Andrej Karpathy en 2025, como un enfoque de programación que requiere mínima programación tradicional humana dada la incorporación de IA y el cambio de enfoque hacia la intención y el resultado, prueba y error, y prototipado de lo que se quiere programar. Harkar, S. (2026). What is vibe coding? IBM Think. https://www.ibm.com/think/topics/vibe-coding

(2) Legora. (2026, Junio 23). Cooley launches Cooley GO Lab, powered by Legora, for Y Combinator startups. https://legora.com/newsroom/cooley-launches-cooley-go-lab-powered-by-legora-for-y-combinator-startups

(3) Huber, N. (2026, Junio 8). Kirkland co-builds AI platform with tech firm Palantir. The Global Legal Post. https://www.globallegalpost.com/news/kirkland-co-builds-ai-platform-with-tech-firm-palantir-421624889

(4) Dipshan, R. (2026, Junio 18). Harvey announces development of custom legal-specific AI models. Legaltech News. https://www.law.com/legaltechnews/2026/06/18/harvey-announces-development-of-custom-legal-specific-ai-models-/

(5) Gerente de producto es el profesional responsable de guiar la estrategia, el desarrollo y el lanzamiento de un producto. Un artículo que encuentro muy útil para entender todas las implicaciones del rol es Eriksson, M. (2016, Febrero 18). What is a product manager? Medium. https://medium.com/@bfgmartin/what-is-a-product-manager-ce0efdcf114c

(6) Cleary Gottlieb Steen & Hamilton LLP. (2025, Marzo 17). Cleary Gottlieb acquires Springbok AI. https://www.clearygottlieb.com/news-and-insights/news-listing/cleary-gottlieb-acquires-springbok-ai

(7)Wilson Sonsini Goodrich & Rosati. (2025, Julio 30). Wilson Sonsini completes sale of SixFifty Technologies. https://www.wsgr.com/en/insights/wilson-sonsini-completes-sale-of-sixfifty-technologies.html


Referencias bibliográficas:

Cleary Gottlieb Steen & Hamilton LLP. (2025, 17 de marzo). Cleary Gottlieb acquires Springbok AI [Comunicado de prensa]. https://www.clearygottlieb.com/news-and-insights/news-listing/cleary-gottlieb-acquires-springbok-ai

Dipshan, R. (2026, 18 de junio). Harvey announces development of custom legal-specific AI models. Legaltech News. https://www.law.com/legaltechnews/2026/06/18/harvey-announces-development-of-custom-legal-specific-ai-models-/

Eriksson, M. (2016, 18 de febrero). What is a product manager? Medium. https://medium.com/@bfgmartin/what-is-a-product-manager-ce0efdcf114c

Harkar, S. (2026). What is vibe coding? IBM Think. https://www.ibm.com/think/topics/vibe-coding

Huber, N. (2026, 8 de junio). Kirkland co-builds AI platform with tech firm Palantir. The Global Legal Post. https://www.globallegalpost.com/news/kirkland-co-builds-ai-platform-with-tech-firm-palantir-421624889

Legora. (2026, 23 de junio). Cooley launches Cooley GO Lab, powered by Legora, for Y Combinator startups[Comunicado de prensa]. https://legora.com/newsroom/cooley-launches-cooley-go-lab-powered-by-legora-for-y-combinator-startups

Wilson Sonsini Goodrich & Rosati. (2025, 30 de julio). Wilson Sonsini completes sale of SixFifty Technologies[Comunicado de prensa]. https://www.wsgr.com/en/insights/wilson-sonsini-completes-sale-of-sixfifty-technologies.html
 

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